El blog de Manolo Rodríguez

Dejad que Facebook y Twitter se acerquen a mí

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Dejad que Facebook y Twitter se acerquen a mí

No sé quién se lo dijo, porque mi madre no está enchufada a internet –de momento-, pero se enteró del primer post que inauguró este blog. Le hizo gracia “eso de salir en internet” y que ni ella ni mi padre me tuvieron que pagar la carrera de periodismo porque los cinco años me dieron beca.

Anda mosca porque sabe que estoy “enredando con el aipad”, me dijo ayer. Y como buena madre aprovechó para aconsejarme que tenga cuidado con conectarme en el trabajo a Facebook y a Twitter –no lo pronunció así, pero yo la entendí-. Por eso me ha dado la idea para este segundo comentario en el blog.

Ya lo dice el evangelio de Marcos (10, 13-16), el de Lucas (18, 15-15) y el de Mateo (19, 13-15): Dejad que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. Tranquilos. No voy a hablar de la Biblia. Sólo es un guiño para que no dejéis de leer el post. Dos mil años después hay que volver a repetir este versículo pero cambiando a los niños por las redes sociales.

Recientemente se ha publicado que el 40% de las empresas bloquea el acceso a Facebook y Twitter. En España los trabajadores dedican 30 minutos al día de su extensa jornada laboral –sin contar las horas extras gratis- a consultar las redes sociales. ¡¡¡30 minutos al día!!! Pero si son más rentables que los que salen a la calle a fumar y se ‘fuman’ más de media hora de curro cada día. También los hay que hacen las dos cosas. Pero eso da para otro post.

Otro estudio a nivel mundial señala que la clasificación de páginas que más han sido bloqueadas por las empresas está liderada por Facebook (23%), seguida de MySpace (13%) y YouTube (12%). De las 10 primeras webs prohibidas, cinco son redes sociales. No son páginas porno, son de redes sociales aunque más de uno también las utilice para satisfacer sus necesidades más primarias. Que también los hay.

Sin miedo

Pero, ¿por qué tener miedo a las redes sociales? No muerden. Al menos, por ahora, no se ha demostrado lo contrario. También hace años hubo problemas al poner barra libre de internet en la oficina. “¿Van a estar todo el día chateando?”, se escandalizaban los jefes. Ahora nos escandalizaríamos nosotros si un día llegamos al trabajo, encendemos el ordenador y está cortada internet. ¿No han hecho lo mismo recientemente los gobiernos dictatoriales de Argelia, Egipto o Libia?

Tampoco vale que los jefes levanten la bandera de la distracción laboral para justificar el corte a las redes sociales en el trabajo. Pueden servir de ayuda; otra herramienta para mejorar nuestro trabajo. No para un albañil –no tengo nada contra los albañiles- que se pasa el día en el andamio, pero sí para su encargado, por ejemplo, para estar en contacto con otros profesionales y mejorar su trabajo. Para los periodistas -conseguir noticias-, para los médicos –intercambiar opiniones-, etc. Y evidentemente también se usan para compartir un video en Facebook o twitear un comentario que te ha gustado. No todo va a ser curro.

Porque las redes sociales no son ni buenas ni malas. Será bueno o malo el uso que hagamos de ellas. Como los cuchillos. Dependerá de nosotros que nos cortemos o no. Lo que está claro es que ya están aquí y han venido para quedarse. Facebook y Twitter quizá mueran dentro de unos años, pero su esencia, la de que queremos estar comunicados entre nosotros, no va a morir. Todo lo contrario. El móvil y la posibilidad de estar conectados 24/7/365 (las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año) va a hacer crecer de manera exponencial lo que para algunos todavía es una moda.

Pero da igual, sino te dejan consultar Twiter en el ordenador de la oficina lo puedes hacer en tu móvil. ¿O es que también te van a requisar el teléfono como cuando eras pequeño la maestra te quitaba la pelota para que no jugases en el pasillo entre clase y clase?

Lo dicho. Dejad que Facebook y Twitter se acerquen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos. Amén

Aquí os dejo otro video de lo que espero que nunca llegue a ser mi madre, o tal vez sí.


 


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