El blog de Manolo Rodríguez

Google Maps ha matado el romanticismo aventurero

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Google Maps ha matado el romanticismo aventurero

Hace tiempo que Google mató esas interminables y enriquecedoras discusiones con los amigos delante de una cerveza sobre la edad de un futbolista o qué película había protagonizado determinada actriz. Esos acalorados debates de hace unos años se acaban ahora segundos después de que cualquiera de nuestros amigos saca su smartphone y se lo pregunta a Google.

Algo parecido me ha pasado durante este último macropuente. Como muchos españolitos nos fuimos a pasar unos días a Madrid. Mi mujer, que de vez en cuando me pega un meneo en esto de las nuevas tecnologías (ella sí que es una early adopter), se había preparado en casa un mapa en Google Maps con los lugares más interesantes que queríamos visitar de la ciudad.

Y ya no hizo falta un plano como los de antes. Ni preguntar a la gente. Cada vez que queríamos ir a un sitio sacábamos el móvil, abríamos la aplicación de Google Maps, escribíamos dónde queríamos ir y segundos después aparecía la distancia a la que estábamos y el tiempo que íbamos a tardar. Y cuando nos entraba el hambre, buscábamos los restaurantes que teníamos cerca de donde estábamos, leíamos las opiniones que habían dejado otros clientes y después elegíamos el que más nos gustaba.

Más locos

Me alegro de que no fuéramos los únicos. Vimos a varios locos (eso pensaría más de uno) con el móvil en la palma de la mano y diciendo: “Es por aquí. Giramos en aquella esquina y ya hemos llegado. Sólo son cuatro minutos”.

Nadie duda de que Google Maps es un invento perfecto y además es gratis (salvo la conexión a internet, claro). Nadie duda de que te ayuda a moverte por cualquier ciudad con sólo tener un teléfono móvil. Hace una década nadie hubiera pensado que iba a tener en la palma de su mano un aparato del tamaño de una cajetilla de tabaco que le iba a marcar en un mapa su posición en tiempo real, que iba a ser un generador de rutas que le indicase casi al instante el mejor camino entre dos puntos y que iba a ser capaz de buscar puntos de interés que nosotros le dijésemos (restaurantes, bares, hoteles, museos…) en un radio de acción cercano a nuestra ubicación. Nadie lo duda.

Perdese por las calles

Sin embargo, Google Maps ha matado ese romanticismo aventurero de perderte por las calles y de no saber dónde estás, de preguntar a la gente y que te digan eso de ‘Uff chico, vas en dirección contraria. Tienes que volver por dónde has venido y luego girar a la izquierda por aquella calle del fondo”.

Ha matado esa sensación de querer matar a aquel hombre que se confundió al darte las explicaciones que te han llevado a un callejón sin salida. Ha matado esa cara de tonto que se te quedaba después de andar media hora y volver al lugar desde donde habías salido.

Es cierto que podíamos haber pasado del móvil y volver al romanticismo aventurero de antes, pero eso de tener la respuesta casi instantánea en la palma de la mano es una oferta imposible de rechazar. ¿O no?


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