El blog de Manolo Rodríguez

El suicida, el periodista y el Rey

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El suicida, el periodista y el Rey

Cuando salí de la Facultad de Periodismo tuve algo muy claro. Y cuando entré a trabajar en el primer periódico se corroboró. Había tres tabús en la prensa que nunca podría derribar: informar sobre suicidios, criticar a la Monarquía y publicar noticias negativas de las empresas que se anunciaban en tu medio. Casi 20 años después y casi al mismo tiempo, dos de esos muros han caído. ¿Y el tercero? Ese sí que es más complicado tumbar.

Desde hace unos meses los medios de comunicación nos hacen desayunar con nuevos casos de suicidios, la mayoría relacionados con desahucios. No escatiman en realizar grandes despliegues para contarnos todas las interioridades y vergüenzas de una persona que ya ha tenido suficiente con lo suyo para que vayamos el resto a hurgar en la herida.

Pero ¿no habíamos quedado en que no podíamos informar de que la gente se tiraba por un balcón o por un puente? ¿No habíamos quedado en que era una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que no hubiese un efecto llamada? ¿No habíamos quedado en que esa recomendación la recoge hasta el libro de estilo de los periódicos más importantes del país? ¿En qué quedamos?

¿Dónde está ahora ese código ético? ¿Dónde está ahora esa prohibición de hablar de suicidios? Bummm. Acaba de saltar por los aires.

Bajan los suicidios

El problema es que no sé porqué se ha producido este cambio. Bueno, quizá sí, pero espero que no sea por eso. Porque en España, desafortunadamente, se han suicidado, se suicidan y se suicidarán personas. Y no es que la crisis haya provocado un aumento del número de personas que deciden acabar con su vida. Todo lo contrario, en los últimos años hay una leve tendencia a la baja (datos del Instituto Nacional de Estadística). Por cierto, entre 1996 y 1998 se alcanzó el máximo histórico en los últimos 25 años y nadie armó tanto alboroto.

¿Por qué justo ahora ese cambio? ¿Es que quizá esa crisis que vive el periodismo obliga a apostar por una información más descarnada y más cercana al vómito? ¿Es que ahora hay que apostar por el todo vale y saltarse determinadas barreras antes impensables para vender más periódicos en el quiosco, tener más visitas en la página web o más audiencia ante la pantalla? ¿Y qué será lo próximo?

Y si ya en la Facultad de Periodismo nos enseñaron que nada de informar de suicidios, también aprendimos que nada de criticar a la Monarquía. ¿Nada de criticar a la Monarquía? Bueno sí, hasta que a nuestro Rey se le dio por ir de cacería. Ahí se abrió la espita y ya nada volvió a ser lo mismo.

Pacto de no agresión al Rey

Desde la transición había ese pacto de no agresión al Rey. Se consideraba que la democracia española era frágil y había que protegerla. Y la suma salió rápida: si se protege al Rey se protege a la democracia. Y mientras, en todos estos años, la monarquía ha estado blindada frente a las críticas de los medios, que siempre mostraban el discurso sumiso oficial. Hasta ahora.

Entonces llegaron los Urdangarines y las Corinas (por cierto referirse a ella como “la amiga del rey” es un eufemismo tan pueril como decir que alguien “murió tras una larga enfermedad”). También llegaron los secretarios, las secretarias… y ya no volvió a ponerse el sol. Antes, las Bárbaras Reyes, los Marichalares, las Letizias, la Reina viviendo en Londres, los Froilanes (y su tiro en el pie)… habían ido calentando el agua.

Si ya lo decía un paisano el otro día en el bar: “Los reyes se tienen que casar con reinas, porque si no pasa lo que pasa”. Y pasó.

En fin. Eliminado ya el tabú de los suicidios y roto ese acuerdo tácito entre Monarquía y prensa, ya sólo queda un tabú periodístico por derribar: el de publicar malas noticias de los anunciantes. Pero eso sería como dispararse en un pie. Y no, no estoy pensando en Froilán.

 

2 Comentarios

  • Bruja dice:

    De vez en cuando no está mal que hables de otras cosas , sobre todo si lo haces así de bien

  • Carollina dice:

    Yo el pacto ese de no agresión a la Monarquía nunca lo di en la facultad, pero creo que lo tenía igualmente interiorizado que el de los suicidios! Buen artículo 😉

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