El blog de Manolo Rodríguez

[Video] Reflexiones de ocho años como bloguero. ¿Qué he aprendido en estos casi 3.000 días?

Ocho años después de escribir mi primer post me doy cuenta de lo osado que fui. No sabía casi ni de lo que hablaba. Ahora tampoco he mejorado mucho que digamos, pero bueno.
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[Video] Reflexiones de ocho años como bloguero. ¿Qué he aprendido en estos casi 3.000 días?

 

El 28 de febrero de 2011 publiqué mi primer post en Desenredando la red.

Siempre me saca una sonrisa cada vez que lo leo.

Desde entonces han pasado ocho años y más de 250 artículos escritos.

No está mal. Desde el principio me puse como objetivo escribir un post a la semana. Y, salvo algunas excepciones, lo voy cumpliendo.

Aunque con el segundo blog que he sacado y el nuevo canal de YouTube, creo que no me va a dar la vida y voy a tener que bajar el ritmo.

Te cuento en este vido porqué escribo en este blog desde hace 8 años y algunas cosas más.

 

Escribir te ayuda a conocerte mejor, a saber dónde están tus límites y a entender cuáles son tus defectos y cuáles son tus virtudes.

Desde hace ocho años siempre digo que ya no necesito un psicólogo. Ya tengo un blog.

Desde aquel primer día que publiqué el primer post han pasado casi 3.000 días.

Aún quedan 7.000 para llegar a los 10.000 que dicen que son necesarios para alcanzar el grado de experto en una materia.

En verdad son 10.000 horas y aunque le haya metido 2-3 horas por día al blog aún no he pasado de las 6.000.

La verdad es que tampoco me preocupa.

 

 

Fui un osado al empezar el blog

Ocho años después de escribir mi primer post me doy cuenta de lo osado que fui.

No sabía casi ni de lo que hablaba. Ahora tampoco he mejorado mucho que digamos, pero bueno.

El blog me ha ayudado a querer aprender cada vez más.

A investigar por mi cuenta; a leer a gente muy buena; a leer a otros que… madre de dios.

A probar, a fallar, a volver a probar, a volver a fallar y en ese bucle creo que deberíamos vivir todos. “Viviendo en Beta”, que diría un amigo.

Con el paso del tiempo también me he dado cuenta de que en lugar de saber más, cada vez sé menos de este mundo de los blogs.

Me pasó durante cuatro meses en 2016.

Las visitas del blog bajaron a la mitad sin ninguna causa aparente. Las que llegaban desde Google y las que aportaban las redes sociales.

Después volvieron a estar como antes.

 

Caso práctico: cómo subir en el ranking Alexa del puesto 648.525 al 164.080 en sólo dos meses

 

¿Cuándo se es un bloguero?

El otro día me pregunté —sí a veces lo hago— cuándo puede decir uno que es un bloguero.

¿Cuando ha pasado uno? ¿Dos? ¿Tres años desde que empezaste?

¿Cuando has escrito 100? ¿200? ¿300 artículos?

¿Cuando has tenido 10? ¿100? ¿1.000 comentarios en tus post?

¿Cuando has conseguido las primeras 5.000? ¿50.000? ¿500.000 visitas?

Cuando comprobé en el tablón de anuncios de la facultad de Periodismo la nota de la última asignatura que me quedaba del último año de la carrera y vi que había aprobado no me consideré un periodista.

Lo hice un tiempo después cuando redacté la primera noticia remunerada (por cierto, sobre una prueba de hípica) y salió publicada al día siguiente en el periódico.

Supongo que les pasará lo mismo, por ejemplo, a los médicos. No creo que se sientan médicos al acabar la carrera, sino cuando consiguen curar a un enfermo.

Después de ocho años publicando un artículo (casi) todas las semanas; después de más de 250 post; después de superar el millón de visitas y de aparecer en algunos rankings que te inflan el ego, pero sobre todo te muestran que vas por el buen camino, la verdad es que no tengo ni idea de cuándo uno puede denominarse bloguero.

Pensándolo bien tampoco me importa mucho.

 

Más de 1.000 blogueros describen cuáles son sus técnicas y estrategias (informe)

 

¿Qué he aprendido en estos ocho años?

Lo primero: a conocerme mejor.

A saber cuáles son mis escasas virtudes y mis abundantes defectos.

A devolverme las ganas de escribir, pese a trabajar en un periódico.

A encontrar mi estilo en cada uno de los post que redacto; a sentirme cada vez más a gusto escribiendo; a incluir el blog en mis hábitos de vida; a meter más horas de las inimaginables.

A ser constante; a ser más ordenado y metódico.

En fin. A escribir, primero para mí, porque me apetece, y después para gente como tú.

Porque las visitas, los comentarios, la relevancia, la visibilidad, los rankings, la marca personal y todas esas monsergas que alimentan el ego de un bloguero van llegando. Pero no es el fin último.

 

¿Qué más he aprendido?

dar antes de recibir.

A intentar aportar un poco de valor a todos esos ingenuos que sin quererlo pinchan en un enlace y llegan a alguno de mis dos blogs (Desenredando la red y Pilla tu maleta) y a mi canal de YouTube recién estrenado.

 

 

solucionar problemas, ofreciendo contenido gratis -sí, gratis- y útil que cubra las necesidades de quien busca información.

A llevar hasta las últimas consecuencias esa idea del marketing de contenidos; del marketing generoso; de no esperar un beso en la primera cita; de ofrecer gratis lo que sabes para ganar lo que vales (Yoriento dixit); de convertir una pasión en contenidos y esos contenidos en servicios (de nuevo Yoriento).

Y en esto he andado estos ocho años.

La verdad es que he llegado a un nivel de armonía con el blog (¡qué zen queda!) que hay poco o nada que me preocupe.

Cada vez me siento más a gusto con lo que le doy al blog y con lo que recibo a cambio.

Creo que es una relación que ya está bien asentada.

Y cada vez me divierto más escribiendo.

 

Primeras 5.000 visitas

Recuerdo cuando, al principio, medía el tiempo que tardaba en conseguir 5.000 visitas. Las primeras 5.000 llegaron a los 124 días.

Es decir, más de cuatro meses. Hasta escribí un artículo para celebrarlo y dar las gracias.

Esas 5.000 visitas en cuatro meses suponen una media de unas 40 al día.

Eso quiere decir que hubo días que solo me visitaba mi madre y poco más.

Siempre digo que al empezar un blog hay que tener mucha paciencia. Mucha.

Afortunadamente ahora las 5.000 visitas (y algunas más) llegan cada semana.

No todo son visitas en un blog, pero sí te ayudan a saber si vas por el buen camino. En 2017 superé el millón de páginas vistas y fue un subidón de adrenalina.

También me hace mucha ilusión que los lectores se pueden descargar de forma gratuita desde el blog tres ebooks que he escrito.

El primero es una novela de ficción que escribí hace tiempo (se titula La princesa de los apóstoles).

El segundo es una recopilación de los 100 mejores post de Desenredando la red.

Y el tercero son recomendaciones, trucos, consejos y herramientas para sacar el mayor partido a un blog.

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¿Por qué escribo en un blog?

Es una válvula de escape. Es una de las grandes terapias que conozco para soltar tensiones, mejor que la consulta del psicólogo. Y además no tienes que pagar.

Viene bien para desfogarse, para soltar todo lo que llevas dentro y dar rienda suelta a tu imaginación.

Si de verdad te gusta escribir, es la válvula de escape perfecta para tus locuras literarias.

También te da visibilidad online. El blog evita el ostracismo del narrador de historias.

Un blog te da visibilidad, te ayuda a crearte una marca propia. Es como si tuvieras un curriculum online que actualizas continuamente con lo mejor de ti.

Es la mejor carta de presentación que se puede tener en estos momentos.

 

Mis comienzos como bloguero

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Desde hace unos años doy charlas y formación sobre blogs, redes sociales, marketing digital…

En ellas suelo contar la historia de cómo empecé con el blog.

Imagina una mañana cualquiera de noviembre en A Coruña. Fría, gris, lluviosa…

Era la mañana del 9 de noviembre de 2010.

Como todos los días, mientras desayunaba, le eché un vistazo a Facebook. La verdad es que no han cambiado mucho mis hábitos desde entonces.

Bueno, ahora ando más por Instagram. Como todos.

Y me encontré con un comentario de mi amigo Carlos. Contaba que por la noche había habido un gran temporal y las olas habían tirado toda la barandilla de piedra del paseo marítimo de Riazor.

Por aquí cuando el mar pega fuerte arrasa con casi todo.

 

 

Mi amigo tiene la enorme suerte de vivir muy cerquita de la playa y alguien le dijo que se acercase, hiciese unas fotos y las subiese a Facebook para que las viésemos todos.

Recuerda que estamos en noviembre de 2010. No teníamos los smartphones que tenemos ahora con los que podemos hacer fotos y publicarlas con un par de clicks.

Así que bajó con su cámara digital, sacó las fotos, subió a casa, las descargó en el ordenador y las publicó en Facebook.

Fue rápido.

A la media hora ya las estábamos viendo todos. ¡Desde cualquier parte del mundo!

Una de las 20 fotos que publicó es esta.

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Después fui al periódico (La Opinión A Coruña donde trabajo desde el año 2000).

Y como hago siempre, mientras arranca el ordenador y se descarga el centenar de correos que ya han llegado a primera hora de la mañana, le eché un vistazo al periódico para ver cómo había quedado.

Ese día creo que no pasó nada más reseñable.

Al día siguiente repetí el mismo ritual: desayuno, Facebook (aún no tenía Twitter y de Instagram no había oído ni hablar), ducha y al periódico.

Y como el día anterior, mientras arrancaba el ordenador y se descargaban los correos cogí el periódico.

Y la portada era esta…

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Una foto casi idéntica a la de mi amigo.

Mi periódico no fue el único que publicó una foto similar a la de Carlos. Los otros dos diarios de la ciudad hicieron lo mismo.

Tres periódicos habían publicado como foto de portada, que es la más importante que el director considera de ese día, la imagen de una noticia que ya había visto el día anterior nada más levantarme.

En ese momento, aunque no te lo creas, algo hizo click dentro de mi cabeza y entendí (sí ya sé que tarde, aún me flagelo todos los días) que las redes sociales lo iban a cambiar todo, sobre todo para los medios de comunicación y, en especial, para los periódicos.

Hasta entonces, para ser sincero, no me habían llamado mucho la atención.

Todo lo contrario. Soy uno de esos conversos reconvertidos.

Y fue entonces cuando empecé a interesarme por las redes sociales, el marketing digital… Y comencé a estudiarlas para saber cómo funcionan.

El blog llegó un poco más tarde, pero muy poco después.

 

Los 20 blogs de marketing digital en español con más visitas (actualizado 2019)

 

Mis blogueros referentes

Empecé a ver que todos, todos, los grandes expertos, que leía con avidez, tenían un blog.

Ahí fue cuando, por ejemplo, descubrí a Antonio Cambronero y su Blogpocket, Serantes, Enrique Dans, Yoriento

De aquella primera época también son Clara Ávila, Vilma Núñez, Berto de Ciudadano 2.0, Víctor Martín

Después llegaron Miguel Florido y su Marketing and Web, Franck Scipion, Javier Elices, Ángel Alegre, Eva Añón, que aunque no tenga blog, me ha prometido que un día lo va a tener, Pilar Muiños, Mapi Báez… y mucha más gente.

Y todos ellos me siguen acompañando cada día. Y de todos ellos aprendo con sus artículos, sus conferencias, sus vídeos, sus podcast, sus estrategias, sus conversaciones…

Y, aunque no lo saben, me han animado dar charlas y a formar a otras personas y a montar historias como el Coruña Bloggers.

En aquel momento de noviembre de 2010 no me di cuenta, pero la foto de mi amigo y la portada del periódico me debieron marcar tanto que ese día, a primera hora de la tarde, me abrí mi cuenta de Twitter.

 

11 consejos de expertos blogueros para que crezcan las visitas de tu blog

 

Yo también quería tener un blog

En diciembre de ese año, después de devorar decenas y decenas de artículos sobre marketing digital, redes sociales, blogs… tomé la decisión: yo también quería tener un blog.

Aún tardaría un par de meses en sacarlo.

Primero había que pensar la temática.

No lo recuerdo bien, pero creo que tardé 2 segundos en hacerlo.

Sería sobre estrategia digital, redes sociales, blogs y un poco de periodismo.

El nombre casi también salió solo, aunque creo que tuvo algo de culpa Francesc Pumarola y su Gugleando por la red (ya desaparecido).

Al final lo llamé Desenredando la red.

Y el resto de la historia está escrita en los más de 250 artículos que he publicado desde entonces.

 

10 claves que funcionan en un blog (por lo menos a mí)

 

¿Por qué escribo un blog desde hace ocho años?

Pero, ¿por qué escribo un blog desde hace ocho años?

Porque me ha dado y me da mucho.

Me ha ayudado a ser más disciplinado, y no solo con el blog, sino en todos los aspectos de mi vida.

Me ha ayudado a ser constante, ordenado y metódico y eso también te ayuda en otros campos de la vida.

Me ha ayudado a conocerme mejor, a saber cuáles son mis virtudes y mis defectos, y cuáles son mis miedos y mis sueños.

Lo dije al principio: desde hace tiempo siempre digo que ya no necesito un psicólogo. Ya tengo un blog.

Me ha ayudado a controlar ese ego que todos tenemos dentro.

Y a entender que no todo son visitas, followers, fans y likes. Está bien mirar los números, sobre todo para saber que vas por el buen camino, pero hay otros intangibles… como la satisfacción del trabajo bien hecho, de que aportas valor a mucha o poca gente o de que le has sido útil a una persona con alguno de tus artículos.

También me ha ayudado a conocer gente brillante, a la que hubiese sido imposible conocer. Y de la que aprendo cada día.

Me ha ayudado a formarme, a tener que leer mucho y a investigar mucho para luego poder escribir de ello.

Me ayudado a vivir en beta, a probar muchas historias con el blog que, la gran mayoría, no han funcionado, pero tampoco, muchas veces, es lo más relevante.

No sé quién dijo que lo importante no es llegar a la meta sino el camino que recorres hasta que la alcanzas.

 

Cómo escribir los mejores artículos para tu blog (o casi)

 

Disfrutando con la escritura

Y por último, me ha ayudado a disfrutar con la escritura, fuera del encorsetamiento (necesario) de un periódico.

En un diario tienes un espacio para el titular, del que no te puedes salir, y otro para escribir el texto que debes completar hasta el final, tengas o no algo que decir.

Lo bueno de escribir en un blog es que el tamaño del titular no está tan encorsetado (aunque Google nos trae por el camino de la amargura) y escribes el texto hasta que no tienes nada más que decir.

Ni una palabra más ni una palabra menos.

 

8 temores comunes de los blogueros (y cómo superarlos)

 

Habilidades de un bloguero

Un día escuché a Juan Diego Polo, creador de WWWhatsnew.com, enumerar las habilidades que debe tener un bloguero.

“Es fundamental que a la persona le guste comunicar, que sepa escribir y que le guste enseñar. Porque eso forma parte de ser blogger. Si no te gusta comunicar, ni escribir ni enseñar no montes un blog”, resumió.

Pues ocho años después de empezar con Desenredando la red y de sacar otro blog hace muy poco he llegado a la conclusión de que me gusta comunicar, escribir y enseñar y por eso sigo escribiendo en el blog. Ahora en dos.

Y si después de este pequeño striptease personal no he conseguido que te pique la curiosidad por empezar un blog te dejo la última idea.

Es la teoría de la generación de contenidos en internet.

Y dice que…

El 90 de los usuarios se limita a consumir contenidos. No hace nada más con ellos.

El 9% contribuye a difundirlos.

Y el 1% los crea.

¿No te apetece, por una vez, hacer lo contrario de la mayoría? ¿Y ser parte de ese 1%?

Merece la pena.

 

 

 

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