Última actualización: 28/02/2026
Hoy, 28 de febrero de 2026, me he sentado frente al teclado con una mezcla extraña de vértigo y gratitud.
Desenredando la red cumple 15 años. Quince. Lo escribo y todavía me cuesta asimilarlo.
Recuerdo perfectamente el momento en el que todo empezó.
Fue el 28 de febrero de 2011 a las 10:59 de la mañana.
Esa hora se me quedó grabada como quien apunta el nacimiento de un hijo en el libro de familia. Bueno, miento un poco porque he tenido que mirar la hora de publicación, pero la frase anterior quedaba bien.
El primer artículo que publiqué llevaba por título algo que todavía hoy me arranca una sonrisa: No le digas a mi madre que soy community manager, dile que toco el piano en un burdel.
En aquel momento, el término “community manager” sonaba casi clandestino.
Era más fácil explicarle a alguien que trabajabas en una oficina que intentar describir que tu día a día consistía en gestionar comunidades digitales que muchas empresas aún no entendían.
Cuando empecé, reconozco que no tenía un plan de contenidos a cinco años vista.
Ni estrategia de monetización.
Ni embudos.
Ni nada que se le pareciera.
Tenía curiosidad, ganas de contar lo que iba aprendiendo y la intuición de que internet estaba cambiando demasiado rápido como para quedarse callado.
Han pasado 15 años y si miro atrás veo varias vidas dentro del blog.
Recuerdo cuando cumplió tres años y escribí aquellas reflexiones de bloguero novato que empezaba a entender que escribir no era solo publicar, sino escuchar.
Cuando llegaron los cinco años, me sorprendí a mí mismo hablando de constancia como si fuese un experto en maratones digitales.
A los siete, intenté explicar por qué seguía escribiendo en un blog cuando medio mundo ya apostaba todo a las redes sociales.
A los ocho, incluso me atreví con un vídeo para reflexionar sobre casi 3.000 días publicando.
Y cuando cumplió diez, me escribí una carta a mi yo bloguero de hacía una década.
No sé si aquel yo me hizo mucho caso, pero el ejercicio me ayudó a entender que el blog ya no era un experimento: era parte de mí.
En estos 15 años ha cambiado casi todo.
Cuando empecé, Facebook todavía era territorio orgánico, Twitter era conversación pura y LinkedIn parecía una red demasiado formal para divertirse.
El SEO era más mecánico, más de palabras clave repetidas con cierta picardía.
Google no era una inteligencia artificial disfrazada de buscador, sino un algoritmo exigente al que había que entender con paciencia.
Y, sin embargo, hay algo que no ha cambiado: la necesidad de tener un espacio propio.
He probado redes sociales de todo tipo.
He disfrutado de la inmediatez, de los hilos virales o de los vídeos que se comparten más rápido de lo que uno es capaz de procesar.
Pero siempre he vuelto aquí. A la esencia. Al principio de todo. Al blog.
A esta casa digital que no depende de un algoritmo caprichoso ni de una tendencia efímera.
Aquí el ritmo lo marco yo.
Aquí puedo equivocarme, matizar, extenderme más allá de los 280 caracteres o de los 60 segundos.
En estos años he visto morir plataformas que parecían eternas y nacer otras que prometen cambiarlo todo.
He visto cómo el término “community manager” dejó de ser un misterio para convertirse en una profesión reconocida (aunque todavía haya quien crea que consiste en “subir cosas a redes”).
He visto cómo el SEO se volvió más estratégico, más técnico, más complejo.
Y ahora estamos viviendo la era de la inteligencia artificial, que escribe, diseña, responde y optimiza a una velocidad que hace 15 años habría parecido ciencia ficción.
A veces me preguntan si la IA matará a los blogs.
Yo suelo responder que las herramientas cambian, pero la necesidad humana de contar historias no.
Si algo he aprendido en estos 15 años es que la tecnología evoluciona, pero la conversación sigue siendo el centro.
Da igual si escribes en un blog, grabas un podcast o generas un vídeo hiperrealista: lo que importa es tener algo que decir.
Este blog ha sido testigo de mi evolución personal y profesional.
De mis dudas.
De mis aciertos.
De mis experimentos.
Ha sido laboratorio, escaparate, cuaderno de notas y, en ocasiones, terapia.
Me ha permitido conocer a personas increíbles, abrir puertas profesionales y, sobre todo, ordenar mis propias ideas.
Porque escribir obliga a pensar mejor.
En enero pasado decidí que, si cumplíamos 15 años, no podíamos hacerlo con la misma piel digital.
Por eso, junto a mis amigos de Pasquino Comunicación, y culpables de que este blog haya funcionado siempre bien durante todo este largo camino, renovamos por cuarta vez el diseño de Desenredando la red.
No ha sido solo un cambio estético.
Es una declaración de intenciones.
Después de tres lustros, el blog sigue vivo, pero no puede quedarse quieto.
Igual que yo no soy el mismo que aquel 28 de febrero de 2011 a las 10:59, el blog tampoco podía seguir vistiendo igual.
Quince años dan para muchos borradores que nunca se publicaron (acabo de mirar y tengo una veintena y casi un centenar en la papelera que cuestan borrar del todo).
Para artículos escritos con prisa y otros cocinados a fuego lento.
Para momentos en los que publicar era casi automático y otros en los que costaba encontrar tiempo entre trabajo, proyectos y vida personal.
Pero incluso en los periodos de menor frecuencia, el blog seguía ahí, esperando.
Si algo me ha enseñado esta aventura es el valor de la constancia.
No la constancia obsesiva, sino la que entiende que los proyectos largos se construyen con pequeñas acciones repetidas en el tiempo.
Un post.
Otro más.
Una reflexión.
Un aprendizaje compartido.
Sin grandes fuegos artificiales, pero con la tranquilidad de saber que cada artículo suma.
Hoy, al cumplir 15 años, no siento la necesidad de hacer grandes promesas.
No sé cómo será internet dentro de otros 15.
No sé qué formatos dominarán ni qué nuevas palabras inventaremos para describir profesiones digitales.
Lo que sí sé es que seguiré necesitando un espacio para pensar en voz alta.
Y aquí estará siempre esperándome este blog.
A veces imagino que vuelvo a hablar con aquel yo que escribió el primer artículo.
Probablemente le diría que no se preocupe tanto por el tráfico, que disfrute más del camino, que no subestime el poder de una casa propia en internet.
Y, sobre todo, le diría que tenga paciencia.
Porque los proyectos que merecen la pena no explotan en meses; crecen en años.
Quince años después, sigo aquí. Quizá, y sin el quizá, con más canas digitales (y de las otras), con más experiencia y con una mirada algo más serena y reposada.
Pero con la misma curiosidad que me llevó a pulsar el botón de “Publicar” aquel lunes de febrero de 2011.
Gracias por leer, por comentar y por acompañarme en este viaje.
Desenredando la red cumple 15 años, pero la sensación no es de cierre, sino de continuidad.
Nos seguimos leyendo y seguimos desenredando la red.
¿Te gustan mis artículos? Te los mando al mail
















¡Muchas felicidades! ¡Y a por otros 15 años más, por lo menos!
Para mí, Desenredando la red es uno de los blogs de referencia en español y tú un verdadero influencer.
Recibe un fuerte abrazo,
Antonio.
Ole! Parabéns por ese aniversario. Poucos proxectos de blogging son tan loxevos!
Muchas gracias Anxo. Los blogs solo funcionan si hay gente como tú que los lee.
Apertas
Gracias Antonio.
Ahora que nadie nos lee has sido desde el principio y lo sigues siendo una fuente de inspiración.
Alguien a quien seguir y descubrir todo lo nuevo que está saliendo en este mundo tecnológico.
Sigue así para que el resto podamos seguirte.
Abrazos