Última actualización: 13/05/2026
El otro día quedé a tomar un café con un amigo que tiene una empresa.
No es una multinacional ni una startup que acaba de cerrar una ronda millonaria.
Tiene un negocio relativamente pequeño, algo más de diez trabajadores, campañas en Google Ads, redes sociales, varios proveedores tecnológicos y los problemas habituales de muchas pymes: clientes, facturas, impuestos y la sensación constante de que todo va demasiado rápido.
En mitad de la conversación me soltó una frase que se me quedó grabada: “Por fuera parece que todo va bien, pero por dentro empiezan a aparecer grietas”.
Me explicó que las ventas crecían, las campañas digitales funcionaban razonablemente bien y la empresa tenía movimiento.
El problema era otro: cada vez había más tensión de liquidez, más gastos tecnológicos, más suscripciones, más inversión en marketing y menos claridad sobre qué acciones realmente eran rentables.
Y ahí fue cuando me habló de algo de lo que yo, sinceramente, sabía bastante poco: los directores financieros externos.
Me contó que muchas empresas descubren demasiado tarde que llevar la contabilidad al día no significa tener una buena gestión financiera.
Una cosa es presentar impuestos correctamente y otra muy distinta saber hacia dónde va realmente el negocio.
Fue entonces cuando salió el nombre de Marc Maraví. Mi amigo llevaba tiempo informándose sobre profesionales especializados en dirección financiera externalizada y me dijo que casos como el suyo son cada vez más habituales.
Según me explicó, este tipo de perfiles ayudan a las empresas a ordenar números, mejorar rentabilidad y, sobre todo, tomar decisiones con más información y menos improvisación. Si quieres profundizar en cómo funciona este modelo de trabajo, puedes conoce más aquí.
Contable y director financiero: dos perfiles muy distintos
Una de las primeras cosas que me explicó mi amigo es que mucha gente confunde la figura del contable con la del director financiero. Y no, no hacen lo mismo.
El contable se encarga de registrar operaciones, preparar impuestos y garantizar que la empresa cumpla con todas sus obligaciones legales.
Es un trabajo fundamental, pero enfocado sobre todo en el pasado: qué se ha facturado, cuánto se ha gastado o qué impuestos hay que presentar.
El director financiero externo juega otra partida completamente diferente.
Analiza rentabilidad, controla tesorería, estudia riesgos y ayuda a diseñar estrategias de crecimiento.
No se limita a mirar números: intenta interpretar lo que esos números significan para el futuro de la empresa.
Mi amigo me lo resumió de una forma bastante clara: “El contable te dice cuánto has gastado. El director financiero te ayuda a entender si lo estás gastando bien”.
Por qué tantas pymes están externalizando esta función
Reconozco que yo pensaba que tener un director financiero era algo reservado para grandes compañías. Pero mi amigo me explicó que precisamente por eso está creciendo tanto la externalización financiera.
Contratar un CFO interno senior supone un coste importante y muchas pequeñas empresas no necesitan una persona dedicada al 100% exclusivamente a esa función.
En cambio, externalizar permite acceder a experiencia de alto nivel sin asumir la estructura salarial completa de un directivo.
Además, según me contó, tener una visión externa ayuda mucho.
Cuando uno está dentro del negocio todos los días, acaba normalizando ciertos problemas: tensiones de caja, gastos que se disparan o márgenes cada vez más estrechos.
Un consultor externo puede detectar esas señales con mucha más objetividad.
También hay un componente casi psicológico.
Muchos empresarios terminan atrapados entre previsiones, pagos, Excel y problemas financieros cuando realmente deberían dedicar su tiempo a vender, liderar equipos o hacer crecer el negocio.
“Yo quiero volver a centrarme en mi empresa y no pasarme el día mirando cuentas”, me confesó.
Antes de contratar, toca mirar la realidad de frente
Otra cosa interesante que me comentó es que antes de contratar a un director financiero externo hay que hacer un ejercicio de honestidad brutal con la situación de la empresa.
Porque muchas veces los problemas no aparecen de golpe.
Se van acumulando poco a poco: gastos innecesarios, deuda mal organizada, márgenes cada vez más pequeños o tensiones constantes de tesorería.
Por eso es importante revisar indicadores básicos como:
- Flujo de caja
- Márgenes de beneficio
- Nivel de endeudamiento
- Gastos fijos
- Rentabilidad por líneas de negocio
- Capacidad de inversión
Mi amigo insistía mucho en que un buen director financiero no llega simplemente para “poner orden”.
Lo realmente importante es detectar oportunidades de mejora y convertir los datos financieros en decisiones estratégicas.
Y ahí entra otra cuestión clave: los objetivos.
No necesita el mismo tipo de ayuda una empresa que intenta sobrevivir a corto plazo que otra que quiere expandirse, abrir nuevos mercados o preparar una ronda de financiación.
Cuanto más claros estén los objetivos, más útil será el trabajo del consultor financiero.
Qué habilidades debe tener un buen director financiero externo
Hubo una frase que me hizo bastante gracia. Le pregunté qué buscaba exactamente en ese perfil y me respondió: “No necesito a alguien que haga tablas bonitas en Excel”.
Según él, un director financiero moderno necesita mezclar conocimientos técnicos con visión estratégica y capacidad de comunicación.
Por un lado, tiene que saber interpretar datos y anticiparse a problemas futuros. No se trata solo de reaccionar cuando algo ya va mal, sino de detectar riesgos antes de que exploten.
También debe manejar herramientas de control de gestión, dashboards y sistemas de reporting. Hoy las empresas generan muchísima información y alguien tiene que convertir todos esos datos en decisiones útiles.
Pero hubo algo que me llamó especialmente la atención: la importancia de la comunicación.
“Hay perfiles financieros que saben muchísimo, pero explican fatal las cosas”, me dijo.
Y tiene razón. Los números sirven de poco si nadie los entiende.
Un buen director financiero debe ser capaz de traducir conceptos complejos a un lenguaje comprensible.
La experiencia importa mucho más de lo que parece
Otro punto en el que insistió bastante fue en la experiencia.
Porque una cosa es conocer teoría financiera y otra haber gestionado problemas reales en empresas reales.
Por eso me dijo que, antes de contratar a alguien, es importante pedir referencias y casos de éxito. Algunas preguntas básicas serían:
- ¿Ha trabajado con empresas similares?
- ¿Conoce el sector?
- ¿Ha gestionado crisis financieras?
- ¿Qué herramientas utiliza?
- ¿Ha conseguido mejorar rentabilidad o tesorería?
También considera importante que el profesional siga formándose constantemente.
El entorno económico cambia muy rápido y aparecen continuamente nuevas herramientas, normativas y sistemas de análisis.
La especialización también marca diferencias
Otra reflexión interesante que salió en la conversación es que cada sector funciona de manera diferente.
No tiene los mismos problemas financieros una startup tecnológica que una empresa industrial, un ecommerce o una agencia de marketing.
Por eso, según me explicó, contar con alguien que entienda tu mercado puede marcar una diferencia enorme.
Un especialista sectorial conoce mejor los márgenes habituales, los riesgos más frecuentes y los indicadores realmente importantes.
Aunque también matizó algo importante: especialización sí, pero sin perder capacidad de adaptación. Porque las empresas evolucionan constantemente y las estrategias financieras deben hacerlo con ellas.
Los errores más habituales al externalizar la gestión financiera
Antes de despedirnos, mi amigo me comentó algunos errores bastante frecuentes que ve en otras empresas.
El primero es tratar al director financiero externo como alguien aislado que simplemente entrega informes mensuales. Si no está integrado en el día a día del negocio, pierde gran parte de su utilidad.
El segundo error es no definir claramente responsabilidades. Quién decide qué, qué tareas están incluidas y cuáles no.
Y el tercero, quizá el más habitual: elegir únicamente por precio.
“Muchos empresarios ven esto como un gasto y no como una inversión”, me dijo. “Y ahí es donde suelen equivocarse”, aseguró.
También me reconoció que hay quien espera resultados inmediatos, cuando la mejora financiera requiere tiempo, análisis y constancia.
Conclusión
La conversación me dejó pensando bastante.
Porque, sinceramente, yo también tenía la idea de que la dirección financiera era algo reservado para grandes corporaciones.
Pero parece que cada vez más pymes están entendiendo que crecer sin control financiero es como conducir rápido sin mirar el cuadro de mandos.
Externalizar esta función permite acceder a experiencia especializada, mejorar la toma de decisiones y reducir mucha incertidumbre.
Pero, como me repetía mi amigo durante todo el café, lo importante es elegir bien al profesional.
Porque un buen director financiero externo no solo ordena números. Ayuda a entender el negocio, detectar oportunidades y construir un crecimiento mucho más sólido y rentable a largo plazo.























